Ante todo se trata de
Una espiritualidad misionera
La espiritualidad redentorista es la propuesta de la fe, el anuncio explícito de la Palabra de Dios que sana y libera al hombre. Posee algunas notas características: pastoral, misionera, dinámica… Vamos a descubrirlo en la regla de vida de los misioneros redentoristas, sus Constituciones. Los dos primeros números son una buena síntesis del carisma redentorista, del propósito de esta Institución religiosa y de aquello que el Espíritu aporta a la Iglesia y al mundo a través de ella.

Como organización
¿Qué somos?
La Provincia Andino Caribeña, fundada por san Alfonso, es un Instituto religioso misionero clerical, de derecho pontificio y exento, integrado por miembros de diversos ritos, cuyo fin es “seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador en la predicación de la Palabra de Dios a los pobres, como Él dijo de sí mismo: Me envió a anunciar la buena nueva a los pobres”. La Congregación participa así de la misión de la Iglesia que, por ser sacramento universal de salvación, es esencialmente misionera. Esto lo lleva a cabo acudiendo con dinamismo misionero y esforzándose por evangelizar en las urgencias pastorales a los más abandonados, especialmente a los pobres. La Congregación sigue el ejemplo de Cristo por medio de la vida apostólica, que comprende a la vez la vida de especial consagración a Dios y la actividad misionera de los redentoristas.
Como comunidad
¿A quiénes reúne?
Para realizar esta misión en la Iglesia, la Congregación reúne hermanos que, viviendo en común, constituyen un cuerpo misionero y, según el ministerio propio de cada uno, se vinculan orgánicamente a él por la profesión. Movidos por el espíritu apostólico e imbuidos del celo del Fundador, fieles a la tradición marcada por sus antepasados y atentos a los signos de los tiempos, todos los redentoristas, “como cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la redención”: – son enviados a predicar el evangelio de salvación a los pobres (cap. I), – constituyen una comunidad apostólica (cap. II), – consagrada de modo especial al Señor (cap. IIl), – que recibe una formación apropiada (cap. IV) – y está provista de formas adecuadas de gobierno (cap. V).
